Bingo es un juego sencillo.Cada jugador recibe un cartón diferente y, a medida que el anunciador va diciendo un número tras otro, todos buscan para ver si tienen una coincidencia. El objetivo es completar una línea antes que los demás.Entonces alguien, lleno de alegría, grita:«¡Bingo!»La vida se parece un poco a eso.Cada uno de nosotros ha recibido un cartón diferente. Distintas experiencias. Distintas fortalezas. Distintas heridas. Distintas historias.Y a medida que la vida va anunciando situaciones, buscamos dentro de nosotros para ver si tenemos lo necesario para responder a lo que tenemos delante.A veces sí.A veces la vida llama a la alegría, a una oportunidad, a la fortaleza, al amor o a la esperanza… y descubrimos que ya llevábamos esa respuesta en nuestro interior.Pero hay otros momentos…Momentos en que la vida anuncia algo para lo que no tenemos respuesta. Una pérdida. Un dolor inesperado. El miedo. La enfermedad. La soledad.Momentos que nos dejan en silencio, sin saber qué hacer.Y entonces surge la verdadera pregunta:¿Qué hacemos cuando la vida nos pide una respuesta que no tenemos?Ahí es donde entra la fe.Porque la fe comienza donde terminan nuestras respuestas.Cuando no hay una casilla que marcar, ni una estrategia, ni una explicación, ni una solución visible…la fe da un paso al frente y nos susurra:«Sigue adelante.»Si has cultivado un círculo de guerreros de oración, de amigos, de hermanas, de hermanos… personas que saben sostener la fe cuando tú ya no puedes…esos son los momentos en que ellos te levantan.Oran cuando tú no puedes. Creen cuando tus fuerzas parecen agotarse. Te recuerdan que tu historia todavía no ha terminado.Y poco a poco, por la gracia de Dios, por el amor, y por las voces de quienes te sostienen en el camino, llegas a la última palabra.Quizás no sea…¡Bingo!Ojalá sea…¡Amén!